Hace algún tiempo tuve la gran suerte de que mi amigo Zem me enseñara los encantos de Ferrol, los que no se ven a primera vista, los que no se encuentran en la ciudad, aquellos que están delimitando la costa con el vasto océano atlántico.
Hicimos un recorrido por carreteras y senderos comenzando en el Castillo de San Felipe y concluyendo en el pueblo de Doniños, que dá nombre a la famosa playa surfera ferrolana. Aunque fue un pequeño tramo, estuvo repleto de naturaleza, de una gran belleza paisajística y de historia, que se vio marcado a su vez por pequeños tintes de vergüenza, enfado, daño ocular e impotencia.
El Castillo de San Felipe (en amarillo en la imagen) es una fortaleza construida en el siglo XVI que se encuentra en la entrada de la Ría de Ferrol y que, antiguamente, protegía a la ciudad de las posibles invasiones de los barcos enemigos. Desde un extremo del castillo se desprendía una cadena que cerraba el paso a todo el que se quisiese adentrar en el corazón de la ciudad por mar, e iba a parar a otra fortificación que está al otro lado de la ría, llamada Castillo de San Martín. Como curiosidad, justo al lado se encuentra también el castillo de La Palma, que, si no estoy equivocado, se usó como recinto carcelario durante la Guerra Civil española.
Como quiero dejar claro mi postura, en cuanto a lo poco cuidadosos que somos con nuestro patrimonio histórico, os contaré cómo estaba el recinto antes de las obras de restauración que, gracias a Dios, se llevaron a cabo el año pasado, y, de paso, os diré cómo es el castillo.En el interior podíamos encontrar partes completamente derruidas: un patio interior en el que había un pozo cochambroso rodeado de galerías que se caían a pedazos, zonas con azulejos destrozados y madera carcomida por el paso del tiempo. Los escombros de los sectores interiores me temo que datan de la Guerra Civil. Desconozco si fue una obra bandálica de algún adolescente (o no tan adolescente) con gran pasión por la conservación de los vestigios históricos, aunque he de suponer que sí, pues había numerosas pintadas dentro de las casetas que conforman el castillo.
También hay varias garitas y un mirador, con una barandilla que estaba bastante oxidada, en el que tuvimos la gran suerte de presenciar el paso de un metanero cuando salía de la ciudad. Fue impresionante, espero que tengáis la misma suerte que nosotros si os acercáis al recinto y podáis sentir la fuerza de la maquinaria naval hecha por el hombre en plena acción. Se puede acceder al interior por la ínfima cantidad de un euro y pocos céntimos, merece la pena.
Seguimos la ruta hacia el pueblo de Cariño por carreteras sinuosas y algo complicadas, típicas de nuestro paraje gallego. Subimos hacia el monte, en la zona de los miradores, los búnkers y las bases militares, donde una vez se asentaron las baterías, los cañones de la artillería de costa (en rojo en la imagen).
Igualmente tuvimos la gran suerte de llegar justo a la cima cuando el sol se estaba poniendo, dibujando sobre el mar destellos de luz y haciendo que el cielo azul se mezclase con un precioso naranja, formando un perfecto degradado de colores. Lo podéis ver en la siguiente imagen.
Y eso no es todo, sino que los huecos hondos donde estaban las baterías, y las galerías interiores, también están hasta arriba de basura. Pensamos que la mayor parte de la inmundicia que hay allí arriba es propia de obras de casas y compañías de construcción. Aquí tenéis las imágenes. CLICK EN LA IMAGEN PARA AMPLIAR
A mí, sinceramente, esta situación me alarma. Ya no sólo por el daño medioambiental que puede causar esto a la fauna autóctona, ni por lo que puedan pensar los turistas o curiosos que se acerquen a visitar estos extraordinarios lugares, sino por (y reitero) el poco cuidado que tenemos, la despreocupación general que se masca en la sociedad hacia con estos asuntos y la ganas de hacer daño a las obras públicas y lo que nos rodea, que dudo que sea involuntaria a estas alturas. ¿No se debería hacer algo al respecto?
Finalmente, tras bajar la montaña y dar un pequeño rodeo, dejando lejos las vistas del Puerto Exterior de Ferrol, fuimos a parar al pueblo, playa y laguna de Doniños, donde nos tomamos una cerveza desde la terraza de un bar y disfrutamos de la brisa marina y la panorámica de las olas rompiendo en la playa, todo un deleite para el ojo humano.
Desde aquí, el blog preferdesign, querría denunciar esta situación y concienciar a la gente para que se preocupe más por nuestro mundo, porque como sigamos así, y aunque éste sea un caso particular, todo lo bonito que tenemos se va a quedar en nada.
Como me mata despedirme sin haber posteado una canción, ahí va. Eddie Vedder creó está canción para la banda sonora de Into The Wild, disfrutadla.
Esperamos vuestros comentarios y opiniones. Seguidnos en nuestra página de facebook o con vuestras cuentas de twitter y blogspot. ¡Gracias!




Chula, con contenido y diseño . Me permito un comentario, quizá la fuente un poquito mas grande. Me gusta.
ResponderSuprimir¡Muchas gracias por comentar! Haré caso a tu sugerencia, la verdad es que me estoy quedando más chosco, de lo que ya estoy, leyendo.
ResponderSuprimirmuy chula ivan me encanto eres un crack digo lo mismo ke el comentario anterior un poquito mas grande la fuente y seria perfecto.
ResponderSuprimir¡Gracias, Belkins!
ResponderSuprimirBuen diseño. Se lee bien y con alegría. Te sugiero lo amplíes, pues es una costa que da mucho de sí. Mis felicitaciones Iván, te lo cuelgo en mi FB..
ResponderSuprimir(Sirio Valdés)
Lo haré en cuanto tenga tiempo con otras entradas, tanto la costa gallega como la del norte de España es, sin duda, algo digno de mención. ¡Gracias!
ResponderSuprimir