Muchas son las clases de terror con las que nos podemos deleitar viendo una película, las subcategorías son interminables: zombies, gore, paranormal, exorcismos, psicópatas asesinos, locura, extraterrestres, animales peligrosos, vampiros... La lista es prácticamente inacabable.
Personalmente me gustan todas las subclases. No podría elegir una concreta, sí podría descartar una: el terror gore o macabro. Sin entrar a cuestionar los gustos de cada uno, yo no soy de los que disfruta viendo escenas desagradablemente explícitas de mutilaciones u otras brutalidades aderezadas con litros de sangre de por medio.
Yo prefiero disfrutar de la atenazante tensión de saber que un tiburón gigantesco e inlocalizable nada bajo su insignificante barco de papel ("Tiburón" 1975)
La posibilidad de espíritus malignos cohabitando con nosotros o dominando nuestra voluntad, poseyendo nuestra mente, también resulta inquietante y desalentador ("El Resplandor" 1980; "Poltergeist" 1982; "La Maldición" 2002)
Las aventuras galácticas que terminan en desgracia ("Alien, el octavo pasajero" 1979) o las incursiones alienígenas en La Tierra con lamentables resultados para los humanos ("La Cosa" 1982)
¿Quién no ha disfrutado imaginándose a si mismo en un apocalipsis zombie? ¿Quién no se ha reído de los protagonistas, convencido de que "yo sabría qué hacer"? ("28 días después" 2002; "La noche de los muertos vivientes" 1968)
Todos alguna vez nos hemos estremecido con asesinos en serie, villanos retorcidos, psicópatas sin remordimientos. Personas enfermas que conviven con el resto de ciudadanos, integrándose y mimetizándose, actuando con total normalidad. Estas películas que te hacen pensar que quizás ese tío del bus que se te queda mirando, el vecino al que pillaste hablando solo en la escalera o tus compañeros de trabajo que hacen bromas que nadie les ríe, oculten algo bajo esos semblantes ("El silencio de los corderos" 1991; "Pesadilla en Elm Street" 1984; "Psicosis" 1960; "Misery" 1990)
Podríamos estar así horas y horas... Son tantas las joyas, tan diversos los ejemplos. Maneras de estremecerse lentamente con un sonido que alerta peligro, o sentir únicamente los latidos de tu corazón con un silencio espectral. Momentos en los que saltas del asiento sintiendo la cuchillada como propia. Momentos en los que sabes lo que va a pasar... y aún así te asustas. Momentos en los que abrazar a tu chica y aparentar que tus pantalones siguen intactos.
Me han entrado ganas de ponerme una buena sesión, ¡Viva el cine de terror!








